El trabajo comunal

Cuando pienso en el sentido y lo que significa el trabajo para las personas de mi comunidad entiendo que esta forma de concebir el trabajo, incide en la persistencia y voluntad de realizar acciones que favorecen a la comunidad.

Es complejo para mí, observar la actitud de los campesinos, hombres y mujeres, esperando cada año que las lluvias les favorezcan y se dé buena cosecha, en algunas ocasiones las sequías han afectado a la milpa, no crece o se seca, no obstante, esperan el siguiente año para repetir el proceso de cultivo, y me pregunto ¿cómo pueden persistir a los embates de la naturaleza, esperando cada año para realizar esta labor? Platicando con algunas personas mayores de la comunidad, señalan que hay un sentido de respeto por la naturaleza, por su bondad con nosotros, asimismo siguen el proceso, con la idea de estrechar relación con el espacio, significa que esta actividad la sienten y la piensan como una relación natural, recíproca con su territorio, mientras tanto le dan continuidad al ritual del cultivo, rinden culto a nuestros antepasados y a esa herencia.

El trabajo intrafamiliar que se realiza en Ayava, lo conocemos de manera general como chiño, nos referimos a las diferentes actividades que se realizan en la casa, campo y se basa en las necesidades, por lo que no tiene calendarios u horarios rígidos, sobre todo carece de remuneración económica; en ocasiones los resultados o el producto que se obtiene, es mínimo al esfuerzo y tiempo dedicado, mientras que chiño ñuu, como el tequio, los cargos, lo podemos nombrar como trabajo comunitario o comunal.

El trabajo recíproco lo observo en la responsabilidad y disposición, de apoyarnos mutuamente, como en el cultivo del maíz, frijol, trigo, se reúnen dos o más familias para contribuir, ya sea con sus animales (yunta), semilla, terreno, trabajo desde que inicia la siembra hasta que se da la cosecha, compartiendo equitativamente lo obtenido. Lo que conocemos como chi’in ñayi da’a, se da en la construcción de casas de palma, con algunas variaciones, conservando principalmente el apoyo a otra familia, con ingredientes para la preparación de los alimentos, bebidas; trabajo en la preparación de los alimentos, el techado y cercado de las casas, también se le conoce como mano vuelta.

Crecemos con el trabajo y el sentido de responsabilidad, en este caso pasa a ser parte de lo que nos constituye, dado que la mayoría de los trabajos que se realizan, son de beneficio común, desde una familia hasta la comunidad, se deben recrear, transmitir como principios ya que se expresan en la misma persona de igual manera en el servicio o cargos que se van asumiendo, como ocurre con el trabajo realizado por los abuelos, padres, han quedado como antecedente y sobre todo como legado para otras generaciones.

Al considerar a todos, para realizar chiño,  las familias  se ven en la necesidad de integrar desde muy pequeños a los hijos e hijas a realizar diferentes actividades, dependiendo de la edad y habilidades, tales como: darle de comer y beber a los animales domésticos, así van aprendiendo que a los pollitos se les alimenta de preferencia con trigo, a los guajolotitos con masa y a los demás les dan maíz, aprenden a pastar otros animales, llevar leña del campo a la casa, acompañar a los padres en las distintas actividades o simplemente vigilar que el fuego no se extinga, recordemos que el fuego es un elemento muy importante para los pueblos mixtecos. Conforme van creciendo o aprendiendo se les involucra en actividades más complejas o que requieren mayor fuerza, a partir de la participación en las actividades de ayuda mutua, se les reconoce, además, pueden ir contribuyendo en el trabajo comunal, siendo una persona responsable tienen la posibilidad de solicitar, recibir y retribuir el apoyo, cuando así lo requieran los demás.

Pienso que mis abuelos y muchas personas, actualmente realizan actividades muy pesadas físicamente, quiero decir que mujeres, hombres, invierten mucho tiempo y fuerza en cada uno de los trabajos que realizan, también me parece que cada día tienen disposición de hacerlo, sin horarios, ni vacaciones, entonces, ¿nuestra condición determina el trabajo o actividad que debemos hacer? De pronto podría cuestionar el hecho de que el trabajo de las mujeres, sobre todo de pueblos originarios, no sea remunerado, pues considero que la mayoría de nosotras nos involucramos en muy diversas actividades, sin embargo somos las que menos percibimos económicamente a cambio de nuestro trabajo, pero es justo el trabajo asalariado que cambia nuestro modo de comprender la responsabilidad y el trabajo colectivo, pensar que toda actividad que se realice necesariamente será compensado con dinero, por encima de las relaciones y trabajo comunitario, pierde los principios y valores que hemos tratado en estos pilares de la comunalidad, cambia la dinámica de relación mutua y recíproca, por una lucha constante de vida utilitaria.

Haciendo una valoración de los trabajos que nos delegan en otros lugares a muchas mujeres de mi comunidad cuando emigramos, se relaciona principalmente con el empleo doméstico, las cuales asumimos quizá por nuestra condición o por el sistema de creencias que vamos apropiando por medio de las instituciones, esto no significa que todas lo aceptemos consciente y felizmente, muchas veces se opta por lo que está a nuestro alcance, pues se limitan las posibilidades de mejorar,  lo menciono porque a pesar de que se recibe un salario, es menor al que corresponde, así el sistema económico, social, mantiene las relaciones de opresión, explotación y lucro.

Desde otra vivencia, en mi memoria vaga la indignación que me generaba el rol que me designaban desde muy pequeña en mi comunidad, cuando me decían que tenía que hacer tortillas, cuestiono lo que mueve o provoca tal expresión, las carencias, los sueños, las posibilidades que se han generado por siglos de exclusión, discriminación, despojo y violencia, al límite de pensarnos incapaces de hacer algo diferente, o conformarnos con sobrevivir nuestro “destino”.

Considero que mi experiencia y subjetividad difiere de otras; no obstante, es una condición evidente para las mujeres de un pueblo originario, a pesar de esto, no olvido mis raíces, mi familia y quizá la razón de resistir esa relación tan desigual, radique en el deseo de contribuir, de ser parte de algo que puede mejorar, germinar; una idea, una familia, una comunidad, una sociedad consciente, crítica, más amable, más humana.

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